"Si veo que doy vida, más vida me da a mí"
Juan Pablo Juárez, el maratonista tucumano que rompió todas las barreras. Sufrió de cáncer en el mejor momento de su carrera, se recuperó y volvió a correr. Luego, un malviviente casi acaba con su vida, pero acá está, más fuerte que nunca.
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| SONRIENTE. EL MEJOR FONDISTA DE LA PROVINCIA DE TUCUMÁN. |
-“Por un control médico de rutina que me hacía cada tres o cuatro meses me detectan que la sangre estaba mal”.
Juan Pablo Juárez, es sinónimo de respeto en su Simoca natal. Simpático y carismático, alegre y parlanchín. Estuvo al borde de la muerte cuando en el año 98 se le detectó que tenía Leucemia. Asegura que fue un momento realmente duro y muy triste ya que en esa época se había convertido en el mejor corredor del país y de Sudamérica ganando cuanto título fuese a defender. A pesar de tener un cuidado exclusivo de su salud, le tocó pasar por la situación más dura de su vida.
Desde el año '93 hasta el '97 trabajó muchísimo para adquirir el conocimiento necesario para que pudiese viajar a las olimpiadas. Siempre recalca que no tenía los medios económicos para hacerlo y es por eso que hizo todo para lograrlo pero lamentablemente no pudo ser. Al año siguiente le encontraron el cáncer y comenzó la lucha incansable de estar entre la vida y la muerte. Fue el golpe más bajo que pudo recibir, pero como asegura siempre, la mente te lleva a lo deseado y lo deseado era tener vida. Sintió que se derrumbaba, pero aún así, ganó la carrera más importante de su existencia.
Perdió todo lo material que había tenido, creyó en Dios en todo momento.
-“El amor todo lo puede, la fe mucho más, pero dios hace lo imposible”, menciona una y otra vez. Se aferró a la vida y luchó con todas sus fuerza, hasta cuando ya no daba más, cuando no podía ni siquiera comer, cuando el cuerpo cada vez le respondía menos. En ese momento el acompañamiento que le brindaron fue fundamental. Es ahí, donde aparece la figura de Manuel Juárez, su hermano menor quien le donó la médula ósea. De sus nueve hermanos, él era compatible en un 99% y no dudó un segundo en darle una parte de su ser.
El 24 de septiembre del 1999 fue trasplantado en el Hospital Antártida de la provincia de Buenos Aires. Estuvo mucho tiempo internado y en uno de esos momentos le agarró neumonía algo que complicó su estado de salud. Tuvo que luchar muchísimo con la enfermedad, las quimioterapias y los medicamentos que cada vez lo desvanecían más. Hasta que un día comenzó a mejorar.
A Manuel, se le ilumina la mirada cuando recuerda por todo lo que tuvo que pasar, pero tiene la certeza de que lo que hizo por Juan Pablo no se lo olvidará jamás. Él estuvo a su lado desde que comenzó la enfermedad hasta que la venció, no se movió un segundo durante toda su internación, se volvió un enfermero más. Además, asegura que el solo hecho de verlo vivo para él es suficiente.
- “He tenido la posibilidad de salvarle la vida”, testifica Manuel y se enorgullece del hermano que tiene. Por otro lado no deja de repetir lo buena persona que es Juan y que sin dudas el se merecía una parte de su sangre, "Él merecía vivir".
Juan Pablo Juárez, tiene 58 años, vive en la capital aunque nunca deja de visitar a su mamá en Simoca. Salió de su casa a los 21 años sin conocer nada en ese momento. El deporte le dio la oportunidad de ser un representante. Con las grandes oportunidades que tuvo en la vida, hoy tiene la posibilidad de transmitir todo su entendimiento. Además, asegura que el deporte no da plata pero si conocimiento y una gran calidad de vida. Juan Pablo Juárez comenzó a competir en el año 1983 en el Campeonato Nacional Argentino en el cual ganó en trece oportunidades en distintas pruebas, tanto en 10k, la media maratón de 21k y la maratón de 42k. Además, participó en la carrera del Diario Liberal en la provincia de Santiago del Estero y en Jesús María donde se adjudicó once triunfos. También ganó internacionalmente en la Maratón de San Pablo Brasil en el año 87, luego ganó en Los Ángeles y salió quinto en la Maratón de Boston. En Italia hizo record argentino de los 42k en el año 94 entre otras cosas.
Una de las carreras más recordada fue la hazaña que realizó en el año 1996, más precisamente el 24 de noviembre, cuando ganó la Maratón Adidas con un tiempo de 2:17:31hs. en la provincia de Buenos Aires. En ese momento se aventajó ante Sutelele. En el sprint final, iban codo a codo hasta que el sudafricano giró la cabeza hacia atrás y Juan Pablo con más alma y corazón que con piernas llegó a la meta tan ansiada. Mientras en la computadora revive ese recuerdo tan hermoso que le tocó vivir, se emociona. Atentamente se mira a él mismo, con los mismos valores solo que hace años atrás.
En ese momento llegó a lo máximo de su carrera, logrando cosas tan importantes con mucho sacrificio y humildad hasta que la enfermedad, sólo lo detuvo por un par de años.
Juárez, tiene cuatro hijos, a quienes no deja de mencionar, Silvana, José Pablo, Juan Pablo y Jasmín. Hace meses está como presidente de la Federación de Atletismo y además está en todo lo que involucra al atletismo en sí, en carreras, saltos, lanzamientos en pista y también en pruebas de calle.
Juan Pablo realiza eventos una vez al mes en el cual los chicos pueden ir a participar. Además, asegura que convocan a todas las escuelitas de atletismo y que cuando finaliza les preparan un chocolate. Mientras ellos disfrutan de ese momento, los más grandes participan como todos los sábados.
En su rostro se ven las arrugas del paso de los años, pero no le pesan. Está en una etapa de puro crecimiento y aprendizaje desde otro lugar. Tiene una sonrisa muy definida que hace que muestre sin problemas sus dientes. Hombre trabajador si los hay. Se desempeña en la Municipalidad de Simoca y es por eso que recuerda que también difunden el deporte en general.
El Parque 9 de Julio es uno de los más hermosos atractivos que tiene nuestro Tucumán. Ubicado a tan solo dos km del acceso a la provincia sobre Ruta 9. El Rosedal, como se lo conoce es uno de los lugares más bonitos y que en primavera abundan las flores y se aprecian todos los colores. Aunque en esta tarde lluviosa sólo se escucha el ssshhhh del agua caer. Alrededor de 20 personas con ropa deportiva se hacen presentes en este lugar y entre medio de ellos aparece Juan Pablo Juárez. Fiel a su estilo, lleva puesto una remera blanca con mangas celestes que en el pecho recita "10k DEL BICENTENARIO, CIUDAD DE SIMOCA". Viste un short negro y zapatillas celestes. Sonriente como siempre, camina por el lugar que ya conoce como la palma de su mano.
De repente, habla con un joven que va corriendo y le advierte sobre unos gajos que se encuentran en el suelo. "Esa ramita, la pisas nomas y se puede producir una contractura", expresa sabiamente. Desde el año 1986 el maratonista entrena en el rosedal cada martes y jueves de 12 a 14hs. En la actualidad van entre 20 a 30 personas. En su mejor época llegaron a ir más de 100. Pasan mujeres y hombres de distintas edades y rutinas diferentes, algunos corren, trotan o caminan. Muchos de ellos van por mejorar su calidad de vida y si les gusta, pasan a otra etapa que es la de la competencia.
Mientras gesticula, Lucas Santillán lo cuida y es por eso que le ofrece una campera negra para que se abrigue, el clima en Tucumán es muy inestable y es mejor prevenir. Luego de que se alejara, Juárez asegura que que a Lucas le delega una función y que va aprendiendo de cómo controlar a la gente. Además, Juan Pablo reconoce que ha tenido muchas oportunidades para llegar donde llegó y de ser lo que es hoy gracias a mucha gente y que por eso se lo transmite a él.
El oriundo de Simoca hace referencia a la importancia que tiene el llevar un control personal del organismo, algo que le permite saber que tanto uno puede esforzarse. Tiene un reloj del cual no se separa nunca, ese que le muestra su ritmo cardíaco. Además menciona que el 90% de las personas que están con él tienen su propio aparato y que se realizan análisis de sangre para saber si están anémicos o si el colesterol está alto. Cuenta que se controlan las pulsaciones principalmente porque ese es el indicador del esfuerzo que pueden hacer y que sin el funcionamiento de la actividad física, el cuerpo tiene mayor deterioro.
Este hombre sencillo, amable y de buen carácter deja una frase memorable y que la practica a la perfección
- "Si veo que doy vida, más vida me da a mi", asegura y expresa lo gratificante que es saber que las personas a las que les enseñó se sienten mejor.
Lucas Santillán es un maratonista tucumano que acompaña a Juan Pablo Juárez desde hace muchos años. El “profe” como le dicen, es una de las personas más allegadas al simoqueño Juárez, y es por eso que lo acompaña desde hace más de 15 años. Se lo ve recorrer el Rosedal como si estuviera corriendo en su propio patio, claro es qué los años lo llevaron a reconocer ese camino tan importante que se convierte en su segunda casa.
Lucas, reconoce que su hermano mayor fue quién le hablaba de Juan Pablo y que a él le surgió una necesidad de conocerlo aunque asegura que creyó que se iba a encontrar con una persona “creída”, aunque pasó todo lo contrario. Su hermano le decía “es un hombre que corre rápido”. Asegura que cuando lo conoció fue algo espectacular y que siempre lo invitaba a su casa a comer empanadas y que hasta le regaló un par de zapatillas, asegura que es “un fuera de serie”.
Dicen que en los momentos más duros de una persona se sabe realmente quien te quiere de verdad y en este caso no fue la excepción. Lucas estuvo acompañando a Juan Pablo y a toda su familia cuando estuvo enfermo. Sintió que todo era muy shockeante compartir todo con alguien que para él era un Dios y luego verlo tirado en una cama con quimioterapia. Pero siempre intentando que no crea que estaban con él sólo por lastima.
La recuperación de Juan Pablo no tardó en llegar y Lucas nuevamente estuvo ahí. Un día lo escuchó decir que iba a volver a correr creyó que lo estaba cargando y cuando lo vio sintió que ese momento fue espectacular. –“Sin dudas, el deporte le salvó la vida”.
Recuerda cuando los médicos le dijeron que no iba a correr más pero Juan Pablo rompió muchas barreras, muchos mitos y luego lo logró.
Otra de las personas que lo conoce muy bien es Rufino César Váldez, un hombre que llegó al Rosedal hace ya veinte años para mejorar su calidad de vida ya que estaba excedido de peso. Asegura que antes no podía ni caminar 100 metros y hasta ahora ya lleva corriendo en cuatro maratones. Además dice que la generosidad que tiene Juan Pablo es infinita y que a él lo ayudó plenamente para salir adelante con su salud.
Tarde calurosa si las hay en Simoca, donde nació y se crió Juan Pablo Juárez. Una casa humilde pero llena de amor, las palmeras adornan el ingreso y dan la bienvenida. Un patio gigantesco invita a avanzar. Las parras equiparan gran parte del mismo, las uvas ya comienzan a asomarse al igual que María Haidee. La mujer que le dio la vida a este campeón. Muy coqueta a sus 92 años le da un beso a su maratonista.
El mate es el principal protagonista de la media mañana. María asegura que no escucha bien y le pide a Marianella que la ayude con su audífono. Habla claro y recuerda todos los momentos vividos. Uno de ellos, cuando Juan estuvo al borde de la muerte. Asegura que confiaron plenamente en Dios. -“El siempre puso de su parte, tiene un organismo muy fuerte”.
Llegando al mediodía, las empanadas y los tamales son el plato principal en la casa de los Juárez, la sobremesa los recuerdos imborrables en la vida de estas personas que por momentos pensaron perderlo todo, pero siguen firmes asegurando que lo más valioso es la vida misma.
Juan Pablo Juárez, después de recuperarse de la enfermedad, conoció a Víctor Frías, quien un día se acercó hasta él para comentarle que había competiciones para gente trasplantada. El muchacho de 42 años, fue trasplantado a los 18 años del riñón. Tuvo la oportunidad de que lo llamaron desde Buenos Aires a participar de los Juegos Panamericanos para los deportistas Trasplantados. Reconoce que a Juan no lo conocía y que al principio le dio un poco de miedo ya que no sabía cómo iba a reaccionar.
Y fue todo lo contrario, se volvieron muy amigos a partir de ahí aunque al principio, el simoqueño no quería saber nada porque entendía que no estaba preparado físicamente ni psicológicamente para exponerse. Es por eso que al final logró convencerlo y el maratonista comenzó a prepararse para viajar.
Participó de los juegos Latinoamericanos y consiguió el record. De ahí en más entendió que había competidores de alto nivel y se convenció de que debía volver sin duda alguna a las competencias.
Víctor le agradece a la vida por haberlo cruzado con Juan Pablo y asegura que es una persona con una humildad tremenda y que le pone contento ser su amigo, y le desea lo mejor para los juegos de Inglaterra al que partirá el próximo año.
Otro de los momentos duros que le tocaron vivir a Juan Pablo Juárez, fue cuando el 15 de Marzo del año 2015 luego de un asalto, le pegaron y lo dejaron inconsciente tirado en el Parque 9 de Julio. Estuvo al rededor de 18 días en terapia intensiva con fractura de cráneo. El día anterior había estado en Bella Vista en la "Carrera de Miguel" en conmemoración del atleta Miguel Sánchez desaparecido durante la dictadura Militar. Rodolfo Acosta, se ofreció a traerlo hasta la ciudad pero el "Gaucho", como asegura que lo conocen muchos, decidió quedarse a compartir unas empanadas.
Cuando volvió a la terminal y emprendió viaje a su casa, se subió a un remis y de ahí en más él no recordaba nada. Fue encontrado descalzo e inconsciente a las 6 de la mañana en la intersección de Benjamín Araoz y Coronel Suárez en el Parque 9 de Julio. Estuvo 20 días en terapia intensiva y milagrosamente se salvó. Cuando salió del Hospital tuvo problemas de articulación, física y mentales ya que en ese momento no conocía a nadie.
"Rody" Acosta, recuerda ese momento como algo muy triste que le tocó pasar. Conoce a Juan Pablo desde el año '81 y aun no se le va de la mente el día que lo vio por primera vez con una malla y un short de boca desgastado y unas zapatillas muy humildes. En ese momento descubrió al gran maratonista luego de que en una carrera quedara en el segundo puesto.
Si hay algo que no deja de resaltar Rodolfo, es que Juan Pablo "rompía todos los esquemas". Además de recalcar en cada momento que no hay que dejar pasar por alto la humildad que tiene y la generosidad para con las personas que en algún momento necesitaron de su ayuda. Asegura que el Simoqueño vivió momentos muy duros en su vida pero que a pesar de todo nunca se subió al caballo y siempre fue la misma persona, cuando tenía todo y también cuando no tenía nada.
Juan Pablo Juárez sigue vinculado al deporte y al atletismo, reparte todos los conocimientos que adquirió a lo largo de toda su carrera. Se le nota la amabilidad y la humildad, algo de lo que todos coinciden. Muy generoso y por sobre todo respetuoso. Vive el día a día como si fuera el último y sabe que mientras tenga vida, no importa nada más, es por eso que sin olvidar a su otra mitad asegura “Miguel me ha donado una parte de su sangre y hoy puedo contarlo”.
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Desde el año '93 hasta el '97 trabajó muchísimo para adquirir el conocimiento necesario para que pudiese viajar a las olimpiadas. Siempre recalca que no tenía los medios económicos para hacerlo y es por eso que hizo todo para lograrlo pero lamentablemente no pudo ser. Al año siguiente le encontraron el cáncer y comenzó la lucha incansable de estar entre la vida y la muerte. Fue el golpe más bajo que pudo recibir, pero como asegura siempre, la mente te lleva a lo deseado y lo deseado era tener vida. Sintió que se derrumbaba, pero aún así, ganó la carrera más importante de su existencia.
Perdió todo lo material que había tenido, creyó en Dios en todo momento.
-“El amor todo lo puede, la fe mucho más, pero dios hace lo imposible”, menciona una y otra vez. Se aferró a la vida y luchó con todas sus fuerza, hasta cuando ya no daba más, cuando no podía ni siquiera comer, cuando el cuerpo cada vez le respondía menos. En ese momento el acompañamiento que le brindaron fue fundamental. Es ahí, donde aparece la figura de Manuel Juárez, su hermano menor quien le donó la médula ósea. De sus nueve hermanos, él era compatible en un 99% y no dudó un segundo en darle una parte de su ser.
El 24 de septiembre del 1999 fue trasplantado en el Hospital Antártida de la provincia de Buenos Aires. Estuvo mucho tiempo internado y en uno de esos momentos le agarró neumonía algo que complicó su estado de salud. Tuvo que luchar muchísimo con la enfermedad, las quimioterapias y los medicamentos que cada vez lo desvanecían más. Hasta que un día comenzó a mejorar.
A Manuel, se le ilumina la mirada cuando recuerda por todo lo que tuvo que pasar, pero tiene la certeza de que lo que hizo por Juan Pablo no se lo olvidará jamás. Él estuvo a su lado desde que comenzó la enfermedad hasta que la venció, no se movió un segundo durante toda su internación, se volvió un enfermero más. Además, asegura que el solo hecho de verlo vivo para él es suficiente.
- “He tenido la posibilidad de salvarle la vida”, testifica Manuel y se enorgullece del hermano que tiene. Por otro lado no deja de repetir lo buena persona que es Juan y que sin dudas el se merecía una parte de su sangre, "Él merecía vivir".
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Una de las carreras más recordada fue la hazaña que realizó en el año 1996, más precisamente el 24 de noviembre, cuando ganó la Maratón Adidas con un tiempo de 2:17:31hs. en la provincia de Buenos Aires. En ese momento se aventajó ante Sutelele. En el sprint final, iban codo a codo hasta que el sudafricano giró la cabeza hacia atrás y Juan Pablo con más alma y corazón que con piernas llegó a la meta tan ansiada. Mientras en la computadora revive ese recuerdo tan hermoso que le tocó vivir, se emociona. Atentamente se mira a él mismo, con los mismos valores solo que hace años atrás.
En ese momento llegó a lo máximo de su carrera, logrando cosas tan importantes con mucho sacrificio y humildad hasta que la enfermedad, sólo lo detuvo por un par de años.
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Juárez, tiene cuatro hijos, a quienes no deja de mencionar, Silvana, José Pablo, Juan Pablo y Jasmín. Hace meses está como presidente de la Federación de Atletismo y además está en todo lo que involucra al atletismo en sí, en carreras, saltos, lanzamientos en pista y también en pruebas de calle.
Juan Pablo realiza eventos una vez al mes en el cual los chicos pueden ir a participar. Además, asegura que convocan a todas las escuelitas de atletismo y que cuando finaliza les preparan un chocolate. Mientras ellos disfrutan de ese momento, los más grandes participan como todos los sábados.
En su rostro se ven las arrugas del paso de los años, pero no le pesan. Está en una etapa de puro crecimiento y aprendizaje desde otro lugar. Tiene una sonrisa muy definida que hace que muestre sin problemas sus dientes. Hombre trabajador si los hay. Se desempeña en la Municipalidad de Simoca y es por eso que recuerda que también difunden el deporte en general.
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El Parque 9 de Julio es uno de los más hermosos atractivos que tiene nuestro Tucumán. Ubicado a tan solo dos km del acceso a la provincia sobre Ruta 9. El Rosedal, como se lo conoce es uno de los lugares más bonitos y que en primavera abundan las flores y se aprecian todos los colores. Aunque en esta tarde lluviosa sólo se escucha el ssshhhh del agua caer. Alrededor de 20 personas con ropa deportiva se hacen presentes en este lugar y entre medio de ellos aparece Juan Pablo Juárez. Fiel a su estilo, lleva puesto una remera blanca con mangas celestes que en el pecho recita "10k DEL BICENTENARIO, CIUDAD DE SIMOCA". Viste un short negro y zapatillas celestes. Sonriente como siempre, camina por el lugar que ya conoce como la palma de su mano.
De repente, habla con un joven que va corriendo y le advierte sobre unos gajos que se encuentran en el suelo. "Esa ramita, la pisas nomas y se puede producir una contractura", expresa sabiamente. Desde el año 1986 el maratonista entrena en el rosedal cada martes y jueves de 12 a 14hs. En la actualidad van entre 20 a 30 personas. En su mejor época llegaron a ir más de 100. Pasan mujeres y hombres de distintas edades y rutinas diferentes, algunos corren, trotan o caminan. Muchos de ellos van por mejorar su calidad de vida y si les gusta, pasan a otra etapa que es la de la competencia.
Mientras gesticula, Lucas Santillán lo cuida y es por eso que le ofrece una campera negra para que se abrigue, el clima en Tucumán es muy inestable y es mejor prevenir. Luego de que se alejara, Juárez asegura que que a Lucas le delega una función y que va aprendiendo de cómo controlar a la gente. Además, Juan Pablo reconoce que ha tenido muchas oportunidades para llegar donde llegó y de ser lo que es hoy gracias a mucha gente y que por eso se lo transmite a él.
El oriundo de Simoca hace referencia a la importancia que tiene el llevar un control personal del organismo, algo que le permite saber que tanto uno puede esforzarse. Tiene un reloj del cual no se separa nunca, ese que le muestra su ritmo cardíaco. Además menciona que el 90% de las personas que están con él tienen su propio aparato y que se realizan análisis de sangre para saber si están anémicos o si el colesterol está alto. Cuenta que se controlan las pulsaciones principalmente porque ese es el indicador del esfuerzo que pueden hacer y que sin el funcionamiento de la actividad física, el cuerpo tiene mayor deterioro.
Este hombre sencillo, amable y de buen carácter deja una frase memorable y que la practica a la perfección
- "Si veo que doy vida, más vida me da a mi", asegura y expresa lo gratificante que es saber que las personas a las que les enseñó se sienten mejor.
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Lucas Santillán es un maratonista tucumano que acompaña a Juan Pablo Juárez desde hace muchos años. El “profe” como le dicen, es una de las personas más allegadas al simoqueño Juárez, y es por eso que lo acompaña desde hace más de 15 años. Se lo ve recorrer el Rosedal como si estuviera corriendo en su propio patio, claro es qué los años lo llevaron a reconocer ese camino tan importante que se convierte en su segunda casa.
Lucas, reconoce que su hermano mayor fue quién le hablaba de Juan Pablo y que a él le surgió una necesidad de conocerlo aunque asegura que creyó que se iba a encontrar con una persona “creída”, aunque pasó todo lo contrario. Su hermano le decía “es un hombre que corre rápido”. Asegura que cuando lo conoció fue algo espectacular y que siempre lo invitaba a su casa a comer empanadas y que hasta le regaló un par de zapatillas, asegura que es “un fuera de serie”.
Dicen que en los momentos más duros de una persona se sabe realmente quien te quiere de verdad y en este caso no fue la excepción. Lucas estuvo acompañando a Juan Pablo y a toda su familia cuando estuvo enfermo. Sintió que todo era muy shockeante compartir todo con alguien que para él era un Dios y luego verlo tirado en una cama con quimioterapia. Pero siempre intentando que no crea que estaban con él sólo por lastima.
La recuperación de Juan Pablo no tardó en llegar y Lucas nuevamente estuvo ahí. Un día lo escuchó decir que iba a volver a correr creyó que lo estaba cargando y cuando lo vio sintió que ese momento fue espectacular. –“Sin dudas, el deporte le salvó la vida”.
Recuerda cuando los médicos le dijeron que no iba a correr más pero Juan Pablo rompió muchas barreras, muchos mitos y luego lo logró.
Otra de las personas que lo conoce muy bien es Rufino César Váldez, un hombre que llegó al Rosedal hace ya veinte años para mejorar su calidad de vida ya que estaba excedido de peso. Asegura que antes no podía ni caminar 100 metros y hasta ahora ya lleva corriendo en cuatro maratones. Además dice que la generosidad que tiene Juan Pablo es infinita y que a él lo ayudó plenamente para salir adelante con su salud.
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El mate es el principal protagonista de la media mañana. María asegura que no escucha bien y le pide a Marianella que la ayude con su audífono. Habla claro y recuerda todos los momentos vividos. Uno de ellos, cuando Juan estuvo al borde de la muerte. Asegura que confiaron plenamente en Dios. -“El siempre puso de su parte, tiene un organismo muy fuerte”.
Llegando al mediodía, las empanadas y los tamales son el plato principal en la casa de los Juárez, la sobremesa los recuerdos imborrables en la vida de estas personas que por momentos pensaron perderlo todo, pero siguen firmes asegurando que lo más valioso es la vida misma.
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Y fue todo lo contrario, se volvieron muy amigos a partir de ahí aunque al principio, el simoqueño no quería saber nada porque entendía que no estaba preparado físicamente ni psicológicamente para exponerse. Es por eso que al final logró convencerlo y el maratonista comenzó a prepararse para viajar.
Participó de los juegos Latinoamericanos y consiguió el record. De ahí en más entendió que había competidores de alto nivel y se convenció de que debía volver sin duda alguna a las competencias.
Víctor le agradece a la vida por haberlo cruzado con Juan Pablo y asegura que es una persona con una humildad tremenda y que le pone contento ser su amigo, y le desea lo mejor para los juegos de Inglaterra al que partirá el próximo año.
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Otro de los momentos duros que le tocaron vivir a Juan Pablo Juárez, fue cuando el 15 de Marzo del año 2015 luego de un asalto, le pegaron y lo dejaron inconsciente tirado en el Parque 9 de Julio. Estuvo al rededor de 18 días en terapia intensiva con fractura de cráneo. El día anterior había estado en Bella Vista en la "Carrera de Miguel" en conmemoración del atleta Miguel Sánchez desaparecido durante la dictadura Militar. Rodolfo Acosta, se ofreció a traerlo hasta la ciudad pero el "Gaucho", como asegura que lo conocen muchos, decidió quedarse a compartir unas empanadas.
Cuando volvió a la terminal y emprendió viaje a su casa, se subió a un remis y de ahí en más él no recordaba nada. Fue encontrado descalzo e inconsciente a las 6 de la mañana en la intersección de Benjamín Araoz y Coronel Suárez en el Parque 9 de Julio. Estuvo 20 días en terapia intensiva y milagrosamente se salvó. Cuando salió del Hospital tuvo problemas de articulación, física y mentales ya que en ese momento no conocía a nadie.
"Rody" Acosta, recuerda ese momento como algo muy triste que le tocó pasar. Conoce a Juan Pablo desde el año '81 y aun no se le va de la mente el día que lo vio por primera vez con una malla y un short de boca desgastado y unas zapatillas muy humildes. En ese momento descubrió al gran maratonista luego de que en una carrera quedara en el segundo puesto.
Si hay algo que no deja de resaltar Rodolfo, es que Juan Pablo "rompía todos los esquemas". Además de recalcar en cada momento que no hay que dejar pasar por alto la humildad que tiene y la generosidad para con las personas que en algún momento necesitaron de su ayuda. Asegura que el Simoqueño vivió momentos muy duros en su vida pero que a pesar de todo nunca se subió al caballo y siempre fue la misma persona, cuando tenía todo y también cuando no tenía nada.
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Juan Pablo Juárez sigue vinculado al deporte y al atletismo, reparte todos los conocimientos que adquirió a lo largo de toda su carrera. Se le nota la amabilidad y la humildad, algo de lo que todos coinciden. Muy generoso y por sobre todo respetuoso. Vive el día a día como si fuera el último y sabe que mientras tenga vida, no importa nada más, es por eso que sin olvidar a su otra mitad asegura “Miguel me ha donado una parte de su sangre y hoy puedo contarlo”.
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