Aquí se respira lucha
Claro que en cualquier lado vas a converger con otra similar.
En esta historia solamente vas a descubrir gente marchando en la calle, mamás socorriéndose
entre ellas y a sus hijos. No vas a hallar más que una planta.
Hay problemas que uno no los llega a advertir, hay situaciones que uno no dimensiona hasta que se arremeten ante uno mismo (o en su mismo entorno). Es distinguible, es singular, es repudiado; sea en Argentina, sea en Colombia, sea en Dinamarca, sea en Estados Unidos o en Holanda, el olor a marihuana es manifiestamente reconocible. Y por lo menos acá, está mal visto -o mal olido-. Hay quienes pugnan en la ilegalidad. Hay quienes emplean la planta como medicinal, y una solución autogestiva que por ahora ninguna pastilla o ninguna combinación de químicos -de veces nocivos-, encuentran un paliativo a patologías sucesivas.
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Mónica está sentada. A Mónica no le cesa de sonar el teléfono. Mónica tiene en frente una bandeja de color marrón, con un vaso vacío, migajas de facturas y restos de lo que fue un desayuno en la segunda cadena de comida rápida estadounidense más frecuentada en Tucumán. Mónica sostiene unos ojos rebosantes de entereza, como fumados. A Mónica le cuelga un collar que desemboca en un dije de hoja de marihuana pequeña y de metal. Es el mismo momento que Mónica me dice: “Yo pongo el brazo y que me saquen sangre a ver si tengo marihuana. No tengo nada; no fumo, no consumo. Al aceite lo toma él”.
Él es Juan Cruz. Es su hijo, tiene doce años, pesa 72 kilos y mide 1,67. Juan Cruz tiene autismo, entre moderado y severo. Desde bebé Juan Cruz toma pastillas antipsicóticas (los antipsicóticos son un tipo de drogas psicotrópicas que prorrogan síntomas psicóticos como los delirios, el lenguaje y la conducta desorganizada y también las alucinaciones).
Él empezó a tratarse con aceite de cannabis hace cuatro años. Socialmente se puede decir que está mejor; interactúa, habla, camina y camina mucho. Aunque todavía tiene crisis; crisis de treinta a cuarenta minutos. Juan Cruz ha encontrado un atenuante en una planta. Sí, en ese organismo vivo que crece desde la tierra sin poder moverse. En consecuencia, el gramaje que hoy está tomando en pastillas, no lo tomaba ni cuando era nene.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, ya falleció.
- Lamento mucho no haber llegado a tiempo.
- Ya es un ángel.
No tenés palabras para eso, afirma Mónica. “Se me desconfiguró el teléfono y me entraron mensajes de septiembre, y de esa mamá que tenía su bebé de tres años enfermo”.
Como cuando el río crece, y lo vas a tener que cruzar pero tenés que aferrarte de algo firme. Acá, en Tucumán, ella representa eso: una rueda auxilio, una respuesta. Y sino es el máximo exponente de las Mamá Cultiva de la provincia, está entre las primeras.
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“Habíamos tocado fondo, y en ese momento sentí que tenía que probarlo, era otra alternativa y no perdía nada. Nos dábamos cuenta que no estábamos drogadas. Y después le empezamos a dar a ellos. A la marihuana no la había visto en mi vida, ni siquiera una foto de la flor conocía. Cuando he escuchado que a la flor le decían cogollo, yo decía qué es eso", recuerda
Los prejuicios y las estigmatizaciones se forman primero en la fila de conjeturas. A la marihuana se la trata como un tabú, donde da pánico lo inexplorado; envilece, doblega y exaspera. “Sí te relaja (a veces de más), pero no es adictivo como una pastilla. La gente tiene ese concepto errado”, asegura.
Es sobresaliente la convicción y la tenacidad con la que Mónica cuenta su historia (la suya es la de Juan Cruz), aunque en ningún momento deja de hablar del grupo; de los otros nenes, y de las otras madres.
- “Hasta que han entendido que con lo que lo drogaba era con las pastillas que me recetaba el médico". Señala con firmeza. Sostiene que las otras sí son drogas, legales y sintéticas. Si al aceite lo interpretás como droga; no es adictivo. Y convencida anima a preguntarse si a cualquier chico le sacás la pastilla antipsicótica, ¿cómo le iría?
Para Mónica la marihuana es anecdótica. Es pelear por una causa. Estar favor del uso medicinal. Las mamás no se sientan en una fumata como la gente debe creer. Aunque no importe demasiado qué piensa la gente.
La planta de cannabis se utilizó por miles de años en distintas culturas alrededor del mundo para diferentes fines, entre ellos, la medicina. La planta posee distintos principios activos, denominados cannabinoides. En un número de más de sesenta, tienen diversas funciones, algunas descubiertas, y otras sin tener en claro aún cuál es su propósito. Estos cannabinoides, por estar dentro de la planta se denominan fitocannabinoides.
En la superficie muchos tipos de células de nuestro organismo, sitios específicos donde se acoplan estos principios activos de la planta, los fitocannabinoides. Los componentes más comunes de la planta, y de cuales se tiene mayor información son el THC, el CBD, CBG, CVN y unos cuantos más. Los receptores de estos cannabinoides son denominados CB1 y CB2, encontrándose distribuidos en todo el cuerpo. El humano también produce moléculas similares a las de la planta de cannabis, llamados endocannabinoides (endo=adentro).
Los cannabinoides tienen muchas propiedades medicinales, y esto permite que algunas dolencias y patologías puedan ser tratadas con cannabis, tales como cáncer, epilepsia, glaucoma, esclerosis múltiple, fibromialgia, dolor crónico, entre otros.
Los beneficios y usos medicinales del cannabis se han hecho públicos y conocidos en Argentina, principalmente, de la mano de quienes empezaron a probarlo desafiando la legalidad y que, tras reiterados reclamos y movilizaciones, promovieron la aprobación de la Ley 27350, en marzo de 2017, que fue reglamentada recién a principios de 2018 y que define un plan de investigación científica del uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados.
Además los compuestos aromáticos que se encuentran en miles de plantas y que no solo son los responsables de su fragancia, sino también, por ejemplo, del buen o mal sabor de sus frutos.
Teniendo en cuenta los agregados, y las coyunturas que pueden llegar a transitar en una charla de dos personas; arribó y se sumó Vero. También forma parte del movimiento, ella debe tener un puñado menos de años, que 45 (la edad que tiene Mónica). Su pelo es negro, sus rasgos y su manera joven; inconfundibles. Ambas se divulgan amigas. Vero es mamá de Bauti. Un nene que también padece autismo, aunque de menos intensidad.
Para Mónica la marihuana es anecdótica. Es pelear por una causa. Estar favor del uso medicinal. Las mamás no se sientan en una fumata como la gente debe creer. Aunque no importe demasiado qué piensa la gente.
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En la superficie muchos tipos de células de nuestro organismo, sitios específicos donde se acoplan estos principios activos de la planta, los fitocannabinoides. Los componentes más comunes de la planta, y de cuales se tiene mayor información son el THC, el CBD, CBG, CVN y unos cuantos más. Los receptores de estos cannabinoides son denominados CB1 y CB2, encontrándose distribuidos en todo el cuerpo. El humano también produce moléculas similares a las de la planta de cannabis, llamados endocannabinoides (endo=adentro).
Los cannabinoides tienen muchas propiedades medicinales, y esto permite que algunas dolencias y patologías puedan ser tratadas con cannabis, tales como cáncer, epilepsia, glaucoma, esclerosis múltiple, fibromialgia, dolor crónico, entre otros.
Los beneficios y usos medicinales del cannabis se han hecho públicos y conocidos en Argentina, principalmente, de la mano de quienes empezaron a probarlo desafiando la legalidad y que, tras reiterados reclamos y movilizaciones, promovieron la aprobación de la Ley 27350, en marzo de 2017, que fue reglamentada recién a principios de 2018 y que define un plan de investigación científica del uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados.
Además los compuestos aromáticos que se encuentran en miles de plantas y que no solo son los responsables de su fragancia, sino también, por ejemplo, del buen o mal sabor de sus frutos.
- “Cuando por primera vez subió a un pelotero con otros niños dentro, me di cuenta que el aceite en verdad le hacía bien. Antes no quería, o solamente se subía solo”, relata.
Vero ha llegado hasta acá porque tiene que acompañar a Mónica a retirar un aceite en el microcentro tucumano, para después cederlo. Entre las mamás viven dejándose descalzas, viven ayudándose. Están juntas. Unidas dentro de un grupo de, más o menos, 150 personas. Algunos comprometidos, otros necesitados, y donde también hay muchos curiosos.
Vero ha llegado hasta acá porque tiene que acompañar a Mónica a retirar un aceite en el microcentro tucumano, para después cederlo. Entre las mamás viven dejándose descalzas, viven ayudándose. Están juntas. Unidas dentro de un grupo de, más o menos, 150 personas. Algunos comprometidos, otros necesitados, y donde también hay muchos curiosos.
Fueron al Juzgado Federal, a las marchas, y siempre son los mismos. Tienen que hacer traer frascos de otros lados, mientras aquí un chico convulsiona todo el día ¡Te desesperás!, se molestan. Nadie escucha.Y son estas las personas que exigen, que salen a la calle, que alzan la voz. ¿Por qué? Porque a ellos les urge.
“La vida es peligrosa, no por los que hacen el mal sino por los que se sientan a ver lo que pasa”, Albert Einstein.
Esta cita la vas a encontrar en la página web de Mamá Cultiva. Donde también se denominan como una fundación sin fines de lucro que tiene por objeto agrupar a madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías que no han encontrado una mejoría con la medicina tradicional; buscando impulsar el uso de cannabis medicinal, atendiendo a los resultados que esta terapia ha logrado. Mamá Cultiva está vinculada a Fundación Daya en una sinergia colaborativa que intenta entregar apoyo a todas las familias que lo requieran.
¿Cómo le explicás a alguien exasperado que algo que creía malo, puede hacer tanto bien? Mónica atestigua que estar en su lugar es como convivir con una bomba de tiempo o en la guerra; "Yo les hablo de mamá a mamá; de corazón a corazón. Mirá, si no te animás, probalo vos primero (que es lo que hemos hecho nosotros). Querés informarte, querés un contacto, el teléfono de alguna mamá; te lo paso. ¿Si sos capaz de darle un antipsicótico a tu hijo, no vas a ser capaz de tomar unas gotas?".
Ahí está. Entre ideas desteñidas, esa es la historia de Mónica Karina Rodríguez. Cómo no me di cuenta antes. Si su ojos lo insinuaban; su boca lo decía, y su dije lo redundaba. La raíz fue su hijo, pero hoy ella es la causa. Ella es pelea. Ella es respaldo.







cbd
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