Quad: Rugby para valientes

Miércoles, el día transcurría como un día más, uno de esos días donde uno camina sin saber hacia dónde va, pero los pies te van llevando a los lugares de siempre. El sol apurando desde atrás el paso de quien camina por las calles desoladas de la ciudad.

 Vivir la vida. Todo los miércoles y sábados un grupo de personas abrazan al deporte dejando en claro que todo se puede lograr.


Ingreso al Complejo Teniente Ledesma, lugar que encierra ilusiones, sonrisas, jóvenes que van de un lado a otro, siguiendo una pelota, buscando un aro o simplemente corriendo.

Allí entre la muchedumbre de deportistas amateurs, conozco a un grupo de personas, que mientras enseñan de que se trata la vida, se toman un tiempo para aprender y mejorar sus habilidades en el Quad Rugby. Rugby en sillas de ruedas. Rugby adaptado. O como yo lo conozco: Rugby para valientes.

Y es que la valentía no se trata de correr y golpearse, valentía no es solo cruzar una avenida cuando el semáforo esta en verde, ni tampoco lo es tanto ir solo al cine. Más valiente aun, es aquel que desde una silla de ruedas sonríe y lleva una pelota entre sus piernas, mientras un par de ruedas con marcos metálicos corren detrás de él. Rugby para valientes.

El inicio del entrenamiento estaba pautado pera las siete de la tarde, pero cuando son las 19:10 se escucha un plauso ¡clap. clap! Acompañado de un "¡Vamos carajo!" El autor: Fabrizio Schiavo, profesor de educación física, 29 años, entrenador del equipo de Quad Rugby Tucumán.

Esta disciplina nació en la provincia el año 2016, cuando Bruno Fernández, traumatólogo que viajó a Buenos Aires para tratarse una lesión medular que tuvo en un accidente automovilístico que lo dejó tetrapléjico, conoció al seleccionado de Quad Rugby. Y si la vida da sorpresas, valla sorpresa que se trajo desde allí Bruno. Hoy es uno de los referentes del equipo tucumano y no necesita cinta de capitán, la sonrisa motiva a sus compañeros.

El entrenamiento empieza como cualquier otro, o no tanto. Empieza calentando, moviendo los hombros, el cuello y sobre todo empiezan a calentar sus sillas. Schiavo pide que usen el talón de sus manos para ir hacia adelante y hacia atrás, con énfasis.

Aquel sol que acompañó y apuró a buscar un techo para refugiarse ya empezaba a abandonar lentamente el territorio. Se iba despacio, como no queriéndoselo perder aquel calentamiento de Quad Rugby.

Mientras los muchachos, los deportistas se ponen en marcha, las voces como eco daban un marco de alegría. Pelotas de vóley, básquet y fútbol rebotaban cerca, jóvenes que tal vez no saben aun lo que es la valentía practicaban dichos deportes sin saber lo que se vivía alrededor.


La noche empieza a saludar, son 6 hombres que sentados sobre sus piernas metálicas se empiezan a pasar la pelota, uno frente a otro. Tal vez, mirando sus caras de dolor el momento más duro de la tarde/noche. Es que esa pelota que para muchos es una pluma, para sus brazos son toneladas que deben ser levantadas y trasladadas hacia otra persona. Lo hacen, esa pelota gris (se juega con una pelota de vóley) viaja pocos metros, centímetros, pero llega a destino. La  transpiración en sus rostros refleja el sacrificio y las ganas.

El sufrimiento terminó. Llegó el momento de estirar sus extremidades superiores, quien ayuda, acompaña y empuja esta disciplina junto a Fabrizio es Joaquín María, 25 años, terapeuta ocupacional, quien su vestimenta indica claramente que no es deportista más. Chaqueta azul y jeans haciendo tono. Su rol claramente está delimitado por su forma de vestir, por lo menos ahí.
Los jugadores relajan sus músculos luego de arduos minutos, donde la pelota no tenía que tocar el piso, donde cada empuje de sus manos era como si cualquiera de nosotros tuviera que empujar un mueble con una sola mano. Eso lo percibí en el gesto, en los rostros de dolor y fuerza que hacían al querer hacer llegar ese "mueble" al compañero.

La gente pasa por el costado de donde están ellos, algunos miran, otros pasan mirando al frente como si persiguieran algo. Otros se detienen y observan, con rostros de admiración hacen una mueca de sonrisa y siguen su destino. Los que pocos saben es que: en minutos empieza lo mejor.

Mientras las estrellas a los lejos alumbran y tres reflectores tratan de dar vida al lugar, comienza el partido. Lo mejor. Se incorporan dos jugadores nuevos, dos infiltrados: Fabrizio y Joaquín. Cada uno en una silla, son uno más. De repente la empatía se personifica en ellos.

El sonido de las chapas que cubren las ruedas sonaba más fuerte que cualquier tackle a un jugador de Los Pumas. El partido se puso intenso, el "Profe Fabri"- como le dicen los jugadores-  le advierte a su equipo que se cuiden las espaldas.

La pelota sobre los muslos, diez segundos delimitan para que ella toque el piso o sea pasada a un compañero, sino será infracción. Dos conos naranjas que sobresalen en la noche son los que delimitan las anotaciones. Si pasan esos postes con la pelota en posesión, será punto.

Ida y vuelta, ataque y defensa. Las chapas seguían demostrando su buena calidad, los brazos parecían ya no sufrir aquella parte del entrenamiento donde empujaban toneladas, donde el sudor era sinónimo de dolor.

Pero todo lo bueno y divertido tiene su final. El profesor indica que la noche que recién empieza para algunos, para otros ha terminado. Se reúnen todos en ronda, los encargados del entrenamiento siguen en sus sillas. A lo  lejos, no quise invadir ese momento de privacidad, se escucha claramente la palabra "Sacrificio, compromiso" y en el silencio se pudo escuchar que esas dos palabras repercutieron en todos los ahí presentes. Esos dos conceptos son los que quieren ser transmitidos para la vida diaria.

Hacer lo que cualquier otro hace, independencia para vivir, libertad para moverse, eso es lo que buscan como finalidad, lo asegura María mientras acomoda los elementos utilizados durante el entrenamiento.

Y el mensaje que dejó aquella jornada Fabrizio Schiavo, no lo transmitió con la palabra, casualidad o no, el mensaje lo marco su remera con letras naranjas, queriéndose destacar entre la luz de la noche, diciendo: "Destroy Excuses".

Si se puede. Día a día adentro y fuera de la cancha van hacia adelante.




De qué hablamos, cuando hablamos de Quad Rugby


Se juega en más de 30 países en el mundo y no es poco, el deporte empezó a practicarse en la década del 70 en Canadá. El nacimiento fue por el impulso entre ingleses y norteamericanos que a través de exhibiciones con soldados de la segunda Guerra Mundial que fueron mutilados en algunas de sus extremidades crearon lo que hoy se conoce como Quad Rugby.

En nuestro país es una disciplina muy joven, como lo es Bruno Gustavo  Fernández, médico traumatólogo, tucumano de 36 años. De chico ya la ovalada era su compañera, El rugby tradicional le empezaba a enseñar lo que hoy trata de transmitir desde una silla de ruedas. La camaradería, según Bruno forma parte del abc de este deporte.

Desde los 10 años ya empezaba a correr por los costados de la cancha, primero en el club Cardenales y luego en lo que fue su segunda casa: Lince.
Su posición era wing, velocidad y potencia. Jugó en todas las posiciones, se destacó, pero lo que más le quedó de aquellas épocas son las leyes que no están en reglamento: El respeto, el compañerismo, caerse y levantarse. Hoy el doctor es lo que lleva a cada entrenamiento a sus compañeros y a sus entrenadores. "Son leyes que me ayudan a vivir el día a día", afirma mientras que con su mirada viaja por el pasado.


Mirada que tiene olvidado aquel 20 de octubre de 2013, donde el wing empezaba a dejar de correr, momento que según lo que le contaron, por un descuido se subió a la platabanda con su vehículo, chocó contra un cantero, dio varios vuelcos y él salió despedido. La avenida Presidente Perón fue testigo del momento más importante para él.
Aquellas leyes de la vida que de niño le enseñaron en una cancha de 100m por 70m empezaban a tomar fuerza. Caerse y volverse a levantar. Ser valiente.


Cinco días después abrió los ojos, en la cama de un hospital, solo movía su cabeza. El segundo de cuatro hermanos varones empezaba una nueva vida. Al principio no le querían decir que no iba a poder correr, que no iba a poder hacer todos los deportes como los venía haciendo hasta hace poco, "Yo era muy calentón, por eso no me querían decir nada, tenían miedo a que reaccione muy mal", confiesa Bruno mientras mueve sus hombros.


Pero si algo no había olvidado era que el rugby le había enseñado siempre ir hacia adelante. Eso hizo superar aquel gran golpe en su vida. "Se puede hacer de todo, pero de manera distinta", explica mientras busca las llaves de su auto, vehículo al cual tuvo mucho miedo de subir después de su rehabilitaron, pero hoy maneja como cualquier otro.

Se traslada de una silla a otra, de la de jugador a la del médico. Maniobra que antes no podía hacerlo y gracias al Quad Rugby ya puede intentarlo, de eso se trata el deporte, superación constante: Hoy no podes dar un pase, mañana sí. Más que valientes, es para perseverantes sentencia Fernández.




El juego


El árbitro suena su silbato, empezó la lucha, dinámico, ida y vuelta, seguir la pelota es una verdadera odisea, a los lejos Bruno, su rol defensivo hace que la pelota por ahora esté lejos, sin embargo se acerca, amenazante, los gritos desde afuera hacen temblar a más de uno. Bruno se aferra, bloquea pero el esférico gris cambia de dueño, él mira. Try. Aquí no existe el 0-0 ni el 2-2.
Como todo deporte anglosajón, debe existir un ganador y los puntos son de a montones, tarea difícil para el tucumano que plantó la semilla del Quad aquí.

Su reglamento posee 119 artículos, pero sólo conociendo algunos cualquiera va a poder formar parte de él.

Cuatro vs cuatro, con una pechera roja allá atrás está protagonista. Se lo nota cansado el primer tiempo de 8 minutos recién nace, el resultado es lo de menos, los flashes no pueden captar la pelota, Bruno se seca la transpiración como puede con sus brazos. Try de los vestidos de rojo, El sonido de los hierros no tiene nada que envidiarles a una guerra de Vikingos, solo que aquí no muere nadie, aquí todos viven al chocar sus escudos. En frente el seleccionado argentino de Quad Rugby.
El primer cuarto no termina y ya todos perdimos la cuenta cuantas veces las sillas han atravesado esos 8 metros que separan a un cono color naranja del otro, conos que si alguien los ve en un operativo de tránsito, un viernes por la noche en cualquier lugar de la ciudad, nunca pensara, que forman parte del  in-goal en una cancha de básquet.

El cotejo toma respiro, Fernández también. Diego Ceballos, argentino, árbitro internacional de Quad Rugby les pregunta a los jugadores como están, solo algunos atinan a levantar el pulgar. Esto sigue.

Se juega en una cancha de básquet, ahí las ruedas no conocen de límites, la velocidad no es sinónimo de peligro. Vuelan, mientras el traumatólogo mira desde afuera, no ingresó para el segundo cuarto. El esférico  sigue de muslo en muslo. Si hay que hablar de deporte inclusivo es éste: cancha de básquet, pelota de vóley, las anotaciones pueden llamarse gol o try.
El tiempo corre y los deportistas saben que solo tienen 40 segundos para convertir un punto, si pasa ese tiempo y no lo logran, el balón será propiedad de los contrarios. Diez segundos son los que puede tener cada jugador la posesión, hacerla picar o dar un pase son opciones para no regalársela al rival.

Si bien son cuatro los que salen a la disputa, deberán completar un plantel de 12 atletas, hombres y mujeres. Sin embargo ellas todavía no son protagonistas aquí.

Bruno vuelve a ingresar, fresco con los ojos fijos en querer llevarse la victoria, victoria que al final no sabremos de quién será. Aquí los cambios son ilimitados.
Deja todo, cada gota de sudor es el sacrificio que hacen sus manos para pasar el juego a un compañero, resiste, lucha, la entrega no se negocia. Sale. El partido sigue su ritmo, la gente aplaude, el espectáculo no termina.
Le tiran agua en su cabeza, como si estuviese en una peluquería, pero no, esto es Quad Rugby.

Desconocidos se acercan a Gustavo, lo saludan, lo felicitan. Allá atrás los truenos, gritos y risas se escuchan. Cuando de repente suena con fuerza el silbato. Ceballos señala la mitad de cancha. Fin.
Y como no existe el empate, ganaron todos.


         Entrega, pasión y perseverancia. El Quad Rugby se hace  fuerte en Tucumán.














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