Seguir a pesar de todo
Darío Mamaní, llega a su oficina como cualquier día, está se encuentra en calle Ayacucho al 478, frente a la facultad de Bioquímica. Darío juega con la corbata de su traje, no es un hombre que se ponga nervioso o al menos eso parece.
Él es el director del PRODIS (Programa de Discapacidad e Inclusión Social), ente que regula el fútbol para ciegos en Tucumán.
Cuenta que su principal objetivo es que los chicos con esta discapacidad sepan de la existencia de este programa. Se define como un hombre al que no le interesa salir campeón, si no que los chicos que integren el equipo sepan desenvolverse en la cancha y en la vida.
PRODIS es el nexo para que la Universidad Nacional de Tucumán pueda tener un equipo que participe en los campeonatos interprovinciales contra equipos como Boca, River y Huracán, aunque aquí, a diferencia de allá, reine el amateurismo.
El encargado de entrenar al equipo es Gabriel Heclick quien con la mirada en el piso y el incesante jugueteo con sus manos da claras muestras del nerviosismo que posee.
Al empezar a hablar de este deporte, el hombre de 33 años, y que esta a unas cuantas materias de recibirse de profesor de Educación Física, se muestra molesto porque las personas piensan que es un deporte sencillo sin saber que está disciplina cuenta con muchas complejidades.
La pelota, por ejemplo, no es como las del fútbol tradicional, sino que estas poseen dentro unos cascabeles que le dan sonido para que los jugadores puedan encontrar el balón. Lo otro que muchos saben y otros no, es que los jugadores usan antifaces, porque no todas las cegueras son iguales, de esa forma nadie tiene ventaja.
El otro detalle es que hay dos árbitros, uno que dirige el partido y el otro es el que se encarga de poner la pelota para los tiros libres y los penales.
El deporte se formó gracias a que el fútbol argentino aportó las gafas y los parches oculares, Brasil le dio el sonido interno a la pelota, y España puso el vallado lateral. Cada uno puso su granito de arena para que este deporte sea lo que es hoy.
¿Cómo sería tu reacción si supieras que es cuestión de tiempo para que pierdas la visión? Una pregunta que a más de uno dejaría al borde del nocaut.
Luis Sacayán pasó por esto, él es jugador de fútbol sala para no videntes y tiene una enfermedad de nacimiento que le costó la vista, llamada Toxoplasmosis, producida por un parásito.
Suena compleja pero no lo es, o por lo menos eso parece. Esta se contagia durante el embarazo debido a la materia fecal de los gatos o en su defecto a la carne mal cocida. Una vez que uno tiene el parásito, este puede despertarse o no. Y en el caso de Luis, se despertó.
Desde los 23 años fue practicando cosas porque sabía que un día pasaría y no quería sentirse un inútil cuando ocurriera. Se levantaba por las noches a servirse vasos de agua con la luz apagada para así practicar para cuando llegue el momento.
A los 25 años, Luis perdió la vista, él describe ese momento como algo feo, todo se apagó, distinguía algunas formas pero casi nada.
El delantero no se dejó sobrellevar por la situación y encontró su lugar en el mundo, entrenando el fútbol sala para no videntes y mal no le fue ya que jugó en España, Brasil, Paraguay, Chile y en otros países de Sudamérica.
Sin olvidar que integró la Selección Argentina de fútbol sala para no videntes, "Los Murciélagos", consiguiendo increíbles logros y el que más recuerda él es el de los Juegos Para-panamericanos del 2011, en donde no muchos tenían fe y terminaron llegando a la final del certamen.
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| Luis festejando un gol con su arquero. |
Entre los logros de Luis se encuentran un subcampeonato en la Copa Mundial y un segundo puesto en la Copa América del 2013.
Pese a esta discapacidad, Luis mantiene una vida normal, esta casado, tiene 3 hijos y trabaja en la dirección de Arquitectura de la Municipalidad de Tucumán.
Junto a Sacayan, Darío Mamaní y Gabriel Heclick luchan a diario para que el deporte pueda hacerse más profesional y esperan que el esfuerzo finalmente rinda sus frutos.




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