Tucumán de Gimnasia, amor eterno por los colores

Tucumán de Gimnasia es un club social. Donde cada persona que llega a la institución para formar parte, debe abonar su cuota mensual. Allí se respira vóley. Es el alma de la entidad. Pasaron muchos y grandes jugadores y dirigentes. Campeonatos ganados y perdidos. Lágrimas de tristezas y alegrías. Sin embargo, el amor por los colores celeste y blanco, perdurarán por siempre. Actualmente, con 83 años de vida, el club y el plantel masculino de primera división se alista para su segunda Liga Nacional de Ascenso consecutiva.



Mucha agua ha pasado por debajo del puente. Los antiguos cuentan que un 12 de Octubre de 1935 nació con el nombre de Frederick Jahnn, pedagogo alemán, conocido como el padre de la gimnasia. Sin embargo, por cómo se observaba la llegada de la segunda guerra mundial, obligó a cambiar de nombre cuatro años más tarde, pasando a llamarse Tucumán de Gimnasia.

Todo comenzó con la idea de generar un espacio para la práctica de gimnasia en aparatos, ya que se venía como un antídoto contra los vicios burgueses y un camino hacia la austeridad como ideal de vida. El club avanzó con el paso de los años y en la década del 40 se implementaron otros deportes, cómo: lucha libre, boxeos, rugby, natación y waterpolo, disciplina que aquellos tiempos, era ejecutada a la práctica por la gente del club, tal es así que en 1952 se consagran bicampeones nacionales en los torneos infantiles Evita con Manuel Hernández a la cabeza.

Luego de aquel heroico título obtenido en el waterpolo, conseguido por Hernández, en el año 1954, a cuatro años de haberse fundado la Federación Tucumana de Vóleibol, con su espíritu lleno de pureza y apelando a la visión del deporte, tal como se caracterizaba, Manuel Hernández, “Manolo”, para todos, decidió darle un comienzo al Vóley en el Club Tucumán de Gimnasia.

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El vóley o también llamado “vóleibol” es un deporte que consta de dos equipos, compuestos por seis jugadores de cada uno, que se enfrentan entre sí, dentro de una cancha dividida por una red en partes iguales. El principal objetivo de esta disciplina, es pasar el balón por encima de la red y que el mismo golpee el suelo del terreno adversario.

 
Manuel "Manolo" Hernández
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“Si entrenas de nueve a once, tenés que mejorar respecto al día anterior. Sino no sirve”, esa es la frase con la que crecieron muchos chicos que tuvieron al comandante Hernández como entrenador. Claro, él decía que un jugador no debía terminar feliz por entrenar, sino que tenía que aprender algo nuevo.  “`Manolo´ Hernández fue un prócer para Tucumán de Gimnasia”, asegura el actual presidente, Pablo Cerisola, mientras se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja al recordarlo. Hernández era querido, respetado y admirado por todos. Fue la persona que enseño a jugar al vóley en  la entidad. Es más, fue el impulsor para que aparezca la figura del líbero dentro de un equipo de vóley, recuerda Pablo cuando en conjunto enciende un cigarrillo con su mano derecha luego de tomar un trago de gaseosa.

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Los primeros años fueron difíciles en cuanto a la infraestructura para poder practicar el deporte. Las instalaciones siempre estuvieron en calle Córdoba al 1180, en San Miguel de Tucumán, y allí, en ese lugar, grandes palmeras que cubrían todo el club. Era como un bosque. Tuvieron que sacar los plataneros para delimitar la primera cancha de vóley y que al principio fue de tierra.

Alfredo Atilio "Pichi" Cozzitorti
El sol castigaba a quienes llegaban al club sin una gorra o algún tipo de protección para salvarse de los rayos solares y del calor que azotaban a los torneos de veranos en las tardes tucumanas. Algunas personas usaban sus manos como viseras para que los rayos del sol no les obstaculicen la vista. Ni la lluvia que lava el alma podía frenar el entusiasmo de jugadores y público en general. Nadie quería perderse la fiesta del nuevo deporte que comenzaba a tomar fuerza en las inmediaciones de Tucumán de Gimnasia.

Con el correr del tiempo, la institución celeste y blanca, colores que lleva en representación y honor a la Bandera Nacional Argentina, comenzó a recibir a mucha gente que estaba interesada en practicar la disciplina. Cada vez eran más. Muchas más. Es por eso que, desde la directiva encabezada por Andrés Ibáñez Parody y Alfredo Atilio “Pichi” Cozzitorti, se prepararon y organizaron de tal manera que Tucumán de Gimnasia comenzó a coordinar Campeonatos Regionales, Abiertos Nacionales de las diferentes categorías que albergaba a equipos de todo el país, Torneos Argentinos de Clubes y hasta Torneos Clasificatorios para Ligas Nacionales.

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Frente del edificio que ocupa el Club Tucumán de Gimnasia
Tras 28 años, durante el gobierno del profesor Lázaro Barbieri, la Provincia transfirió a Tucumán de Gimnasia la sede situada en calle Córdoba 1180. El club la ocupaba a título precario, desarrollando proficua labor. Al ser conocida la noticia por dirigentes, profesores, instructores, atletas y socios de la entidad, se produjeron escenas de singular entusiasmo por el acontecimiento. Saltaban, cantaban y se alegraban a más no poder. Tocaban el cielo con las manos. Hasta en algunos casos, “entre viejos asociados y ex dirigentes, no pudieron ocultar algunas lágrimas”, cuenta “Pichi” Cozzitorti, mientras saboreamos juntos un café con leche en jarrita con una tortilla.

En aquel entonces, la institución era presidida por el señor Celestino D´Urso y de secretario estaba Francisco Más, “fueron reconocidos por asociados en reuniones improvisadas por la labor desplegada para conseguir el gran anhelo a favor del club. Yo estuve presente”, recuerda Alfredo Atilio.

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Cada certamen competitivo que albergaba la entidad, era una fiesta. Una verdadera fiesta. Toda la gente del barrio se acercaba al club. Sin importar si eran allegados o no al deporte. Ellos estaban. Ni hablar de los amantes del vóley. Era toda una locura. La cancha explotaba. Alrededor de quinientas personas por torneo. En aquel entonces, era imposible pensar que sucediera algo de esa magnitud por el deporte. “CTG” lo demostraba. Transformaba la fantasía en una realidad. Las gargantas pegaban el grito en el cielo. El estadio era una caldera. Los grandes, miraban con entusiasmo cada partido y alentaban al club de sus amores. Los chicos, aprovechaban cada intervalo entre set y set para ponerse a “pelotear” entre ellos. Se divertían. Era como estar en el paraíso.

Entre 1970 y 1971, Tucumán de Gimnasia vivió una de las épocas más doradas de su historia. En el segundo año consiguieron el Torneo Anual, certamen organizado por la Federación Tucumana de Vóleibol. La algarabía reinaba en la zona. Tras once años, se volvió a gritar ¡CAMPEÓN! Motivos había para estar feliz. Para sonreír de oreja a oreja. El más recordado. El club había sido partícipe de la gran final frente a Juan Bautista Alberdi. Estos equipos debieron jugar en tres oportunidades para definir el título. En los dos primeros encuentros el juego estaba empatado. En la última opción, fueron los dirigidos por Manuel Hernández en alzar la copa tras once años de espera. La euforia de los simpatizantes del “Lobo” era indescriptible. Los corazones estaban en llamas. La felicidad caminaba por las paredes de la entidad.

Transcurrieron los años, pero la pasión por el vóley seguía intacta. La efervescencia por practicar y triunfar en el deporte era todavía mayor. Es por eso que, la década del 80 estuvo llena de laureles para el club. Precisamente, en el 1986. Tucumán de Gimnasia se consagraba Campeón Argentino de Cadetes. Seguía escribiéndose la rica historia del club. Es un campeonato recordado por los mayores. Los memoriosos. Eduardo Sbrocco, Andrés Ibáñez, Víctor González, Max Bombes, Davolio, Jorge Frías, Esteban Pescao, Marcos Ruggeri, Marcelo Alcaraz, Bardín, Carlos Sardi y Brandán, son nombres que al rememorar sus actuaciones y vivencias dentro del club queda explicado el sentido de pertenencia por los colores celeste y blanco. Algunos ya no están en este mundo. Otros siguen. Lo cierto es que este plantel quedará marcado con dorado en las páginas históricas.

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Jugar y codearse con los grandes siempre fue un sueño. Siempre con los jugadores del club. Con los chicos que aprendieron desde el minivóley a impulsar una pelota hacia la red. Es por eso que, una oportunidad de lujo se presentó en el año 1999, tras haber alcanzado el ascenso que le permitía jugar la Liga Nacional de Vóley. No solo era una hecho relevante para Tucumán de Gimnasia, también lo sentiría la provincia entera. Para Tucumán estar en la Liga con dos equipos era muy importante para el desarrollo de este deporte en el Jardín de la República.  Mencionar dos equipos, abarcaba al popular Club Social Monteros que también contaba con la posibilidad de participar.

El problema económico era el foco principal que ponía en vilo la participación de los equipos tucumanos. Imaginate, la posibilidad latente de estar en la retina de la República Argentina entera, de hacer crecer el deporte, de promocionar grandes empresas de la provincia, la labor del gobierno y el turismo tucumano estaba al alcance de las manos. Cada quince días, aproximadamente, entre cincuenta y sesenta jugadores, cuerpo técnico, familiares e hinchas, se llegaban a Tucumán para hacer uso de hoteles, restaurantes, y por supuesto, realizaban compras en los distintos locales para llevarse a sus respectivos pagos un recuerdo de la Cuna de la Independencia. 

Era la oportunidad de subirse al tren que pasaba de vez en cuando y, quién sabía, ¿cuándo más iba a pasar? Tucumán de Gimnasia quería aprovechar esa plaza. Obviamente deseaba jugar. Al igual que Social Monteros, querían subirse al tren. Al tren de la alegría. Apareció la idea que, al principio, parecía descabellada, pero con el paso de los días comenzó a tomar fuerzas... “LA UNIÓN”. ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Por qué?, eran algunas de las preguntas que se hacían en el entorno del vóley. Lo que sucedía era que, Alderetes había ganado el Torneo Apertura de 1998 y contaba con grandiosos jugadores que estaban a la altura de una Liga Nacional y. Allí nació “La Unión Tucumán de Gimnasia – Alderetes”, gracias al accionar de las dirigencias de los equipos.

No todo pasaba por el tema de sponsors y conseguir los refuerzos para poder jugar. Los jugadores locales, eran importantes, pero había varios casados, con hijos, que no estaban acostumbrados a entrenar en doble turno o dejar cinco días a su familia para cumplir con los viajes de visitantes. Un caso pragmático era el de Pablo Cerisola, quien estaba a punto de recibirse de contador y necesitaba tiempo para estudiar, es por eso que anunció no jugar hasta terminas con los exámenes. Entre la espada y la pared se encontraba uno de los mejores jugadores del equipo que representaría la Capital y al Este.

Finalmente, con esfuerzo y consiguiendo el apoyo de instituciones privadas, lograron juntar los ciento veinte mil pesos que requería el torneo para mantenerse en la categoría, y La Unión Tucumán de Gimnasia-Alderetes, formó parte de la Liga Argentina de Vóley junto a River Plate, Náutico Hacoaj, Ferro Caril Oeste, Vélez Sarfield, Univerdad de Buenos Aires, Olimpukus de Azul, Club de Amigos, Mendoza Regatas, Obras de San Juan, Scholem Aleijam y Regatas Resistencia. Sin lugar a dudas, fue algo soñado para la institución de Córdoba 1180.


Al mismo tiempo, en paralelo con la Liga Nacional Argentina, las mujeres también daban que hablar. Es que, las chicas del “Lobo Tucumano” ganaron el Regional de Vóleibol en la categoría Sub 16, jugado en la provincia tucumana, adjudicándose el derecho de representar a la región NOA en la Liga Nacional de Menores.  ¡Vaya si no era un año glorioso para la institución!

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Avanzando en el tiempo, y siguiendo con los Torneos Nacionales disputados por el club, en el año 2013, comenzó un nuevo proyecto deportivo con jugadores nacidos de la cantera. “El tiempo de recambio había comenzado”, decretaba el ex jugador y actual presidente, Pablo Cerisola y con Marcelo Díaz a la cabeza como entrenador, daban comienzo a una nueva era. Marcelo, “El Chato”, para sus amigos y el ambiente del vóley. Nacido en San Miguel de Tucumán un 3 de julio del 81. Hijo de Rodolfo Díaz y María Luisa Castoldi. Hermano de Germán y María Luisa. Esposo de Fernanda Sánchez. Papá de Isabela y Valentina. Un tipo que desde chico le gustaba el deporte. Pasó por el fútbol, el rugby, pero se inclinó por el vóley. Mal no le fue. Es más, tuvo su debut a los dieciséis años en la primera división de Tucumán de Gimnasia. Él fue el encargado de tomar el nuevo desafío. Allí fueron apareciendo nuevos chicos llenos de energía para triunfar con el club que tanta historia tiene.

Al principio costó. Mucho. Cómo todo comienzo, ¿viste?, sin embargo, el trabajo diario, el esfuerzo constante y las ganas de triunfar trae consigo los resultados. El que cosecha, siembra, dice el refrán. En el vóley de Tucumán de Gimnasia no fue la excepción. Pasaron cuatro años, diez meses y veintinueve días, desde que había arrancado el nuevo proyecto, para que el “Lobo” vuelva a estar en los planos nacionales. Tal como había empezado la meta deportiva. El 29 de octubre del 2017, el objetivo estaba cumplido: ganar el Regional y clasificar a la Liga Nacional A2 (Torneo Nacional de Ascenso), el famoso “TNA”.

A partir de allí, el enfoque estaba puesto en la participación de Liga Argentina A2, con Marcelo “El Chato” Díaz, nuevamente al frente en la conducción técnica, los voleibolistas se prepararon y comenzaron a entrenar para seguir escribiendo la rica historia de la institución. Turno de preparación para llegar afilado al debut. Pesas. Gimnasio. Pelotas. Estrategias. Así, durante tres meses y medio sin descanso. Sin parar un segundo. Con la cabeza puesta en el debut de Liga. El objetivo era uno solo: mantener la categoría.

Llegó el turno del primer partido frente a Ateneo Mariano Moreno de Catamarca. ¡Se pudo jugar! En el remodelado Micro Estadio” con el que actualmente cuenta Tucumán de Gimnasia, desde el año 2009. El conjunto celeste y blanco se midió además con San Lorenzo de Almagro, Mar Chiquita Vóley, Estudiantes de La Plata, Villa Dora y Rosario Vóley. Un 3 a 0 frente a este último, que contaba en sus filas con el experimentado Pablo “Pepe” Peralta, le brindó la posibilidad a Tucumán de Gimnasia de mantener el cupo para la próxima Liga Argentina A2 2019. ¡OBJETIVO CUMPLIDO!

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No todo fue color de rosas en la vida de Tucumán de Gimnasia. Los años 2005 y 2007 quedarán marcados en la historia oscura de la Institución. Dos hechos lamentables azotaron el club. En el primero, una chispa cayó sobre un colchón produciendo un incendio en un abrir y cerrar de ojos en el área del gimnasio. Fue incontrolable. En cuestión de segundos estaba todo perdido. Solo quedaba ver cómo se desmoronaba todo pedazo a pedazo. Las llamas latían en el corazón de los amantes del club. La tristeza se apoderaba de todos. Esa misma noche la gente que formaba parte de la entidad, se sentaron en el quincho ubicado al final del terreno, sin luz, para pensar como se salía adelante.

Lo mismo sucedió en el 2007 cuando las instalaciones sufrieron daños por el violento temporal ocurrido el 9 de marzo en la provincia tucumana. Las chapas del tinglado fueron desprendidas completamente pro el viento, mientras que uno de los salones quedó completamente destruido. El tornado destruyó el tinglado. Tiró árboles. Adentro y afuera del club. Los vidrios explotaron. Voló todo. De un minuto a otro. La noticia impactó en los lugareños, pero principalmente en la gente del club. Los vecinos eran espectadores del terrible suceso. Las chapas llegaban hasta calle San Juan. Cien metros del lugar donde se encuentra la entidad. La fuerza era abrumadora. Una, dos, tres veces se lamentaron todos.

Vuelta de página y había una sola opción: Levantar los muros a nuestro alrededor que nos protejan contra la tristeza. Lo tomaron así. Al día siguiente, la comisión directiva encabezada por Pablo Cerisola, Rodolfo Esber y Alfredo Cozzitorti, en conjunto con la Sub Comisión de Damas del Club, comenzaron con la restructuración para sacar adelante la institución que servía de contención a cientos de niños, jóvenes, evitando que salgan de la calle y que caigan en las drogas.

Con esfuerzo y a pulmón trabajaron para lograr el propósito. El trabajo por los chicos. Por recuperar la Institución. Los ánimos estaban por el suelo, obviamente, pero las ganas y el amor por el club fueron más fuertes. Así, ladrillo a ladrillo, fueron reconstruyendo todo. Se hicieron techos nuevos. Nuevas paredes. A pesar de ello, el vóley nunca paró y los sueños seguían proyectándose.

Los caminos para Tucumán de Gimnasia no terminaron. No terminarán jamás. Los muchachos actualmente se preparan para su segunda Liga Nacional A2 de manera consecutiva. Trabajando en triple turno para seguir cosechando experiencias, obtener un gran nivel de vóley y mejorar día a día en el deporte. En la competencia exigente que colocó a un grupo de jóvenes en una posición ideal para seguir soñando y volar alto.

Del minivóley al maxivóley, pasando por todas las divisiones. Tucumán de Gimnasia es una gran familia. Es el club de los chicos, donde viven, crecen, y se desarrollan practicando un deporte. La historia de club se sigue escribiendo en páginas doradas. Tucumán de Gimnasia es una gran familia que nunca acabará.

“Vamo´, vamo´, vamo´, CTG, vamo´, vamo´, vamo´, CTG, vamoooooooo´, CTG…”, vibrarán en las paredes de la entidad, por el eternidad.



Audiovisual - Tucumán de Gimnasia


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